Mientras dejaba mi mando y me dejaba envolver por los créditos, me descubrí pensando ya en lo que viene después. La caza del trofeo Platino había sido una obsesión, pero ahora que está completa, vuelve una picazón familiar. Hay toda una biblioteca de joyas ocultas esperándome ahí fuera, y mi cartera no está precisamente de humor para celebrar después de todas esas compras impulsivas de DLC a altas horas de la noche.
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